martes, abril 11, 2017

Tempus fugit



Con la edad, empiezas a posicionarte sobre cosas a las que antes dabas poca o ninguna importancia. Por poner un ejemplo propio, el uso (y el abuso) del tiempo se ha ido convirtiendo en una de las cualidades por las que decido si la amistad de alguien merece la pena o pasa directamente al cajón de los conocidos. 
Cuando alguien queda contigo en hacer algo, lo normal es que intente ser puntual. Lo normal es que tenga respeto por tu tiempo, ese que, seguramente con mucho gusto, le estás entregando para compartirlo. Y lo normal es, también, que habida cuenta de las nuevas tecnologías, si te vas a retrasar o te ha surgido otra cosa, envíes un simple mensaje de menos de dos líneas a la persona a la que rentaste el tiempo, porque quizás esa persona podría haber hecho otra cosa con esas horas que pensó en dedicarte.
Así que, cuando alguien decide que mi tiempo no es valioso, yo tampoco lo considero de gran valor.
Con la edad, el tiempo, como dijo Dalí, es una de las pocas cosas importantes que nos quedan.

viernes, diciembre 23, 2016

Feliz Navidad




Estimados amigos del blog: mis mejores deseos para esta Navidad, que la viváis con Amor para brindar, Alegría para contagiar, Fe para motivar, Salud para persistir y Esperanza para soñar.

miércoles, diciembre 14, 2016

De cuervos y barcos




Estimados Lectores Constantes, recién llegados y público en general, retomo este bló no sé si momentáneamente para darles noticia de algo que desconocía y que he averiguado tras unos días en la capital lisboeta durante el "puente" de la Inmaculada, y que me parece una curiosidad digna de una entradilla. 

Como puede verse en la foto superior, las farolas, (y otros elementos del mobiliario urbano), de Lisboa se ven coronadas por un barco en el que navegan dos pajaritos, cuervos en realidad. Son parte del escudo de la ciudad. Hace alusión al relato que, conforme a la tradición, señala que dos cuervos permanecieron junto a los restos de San Vicente (patrón de la ciudad) durante su traslado a Lisboa desde el Cabo de San Vicente, en 1173, por orden del rey Afonso Henriques

Este San Vicente no es otro que el Mártir, un diácono del obispo Valero de Zaragoza, que fue martirizado por Daciano a finales del siglo III en la ciudad de Valencia. La leyenda del martirio dice que los restos del santo fueron arrojados a un muladar para que los devoraran las aves de rapiña, pero dos cuervos los protegieron. El cuerpo del mártir fue lanzado entonces al mar, pero una mujer piadosa lo encontró en la orilla y le dio sepultura.
Con la invasión musulmana, se traslada el cuerpo hasta el sur de Portugal, dando su nombre al Cabo de San Vicente, donde se levanta la primera iglesia bajo su advocación, una ermita, lugar que volvió a ser custodiado por cuervos, de tal manera que los árabes lo denominaron Kanīsah al-Ghurāb” o Iglesia de los cuervos, donde permanecieron hasta su traslado a Lisboa, de la cual es patrono. 
La fiesta de San Vicente se celebra el 22 de enero. Valencia y Braga conservan cada una un brazo del santo. La reliquia de Valencia, según estudios forenses, pertenece a un hombre joven, presenta quemaduras en la piel y se remonta al siglo IV.

Imagen de San Vicente en el Largo de Santa Luzia, Lisboa

Una iniciativa interesante es la peregrinación del Camino de San Vicente Mártir, a semejanza de la del Camino de Santiago, donde he recabado parte de la información para escribir la entrada. Podéis encontrar información sobre ella AQUÍ.

miércoles, junio 29, 2016

Gente alegre


Hace un tiempo, por una entradilla en otro de mis blogs, alguien me comentó que había que rodearse de gente alegre.
Imagino que la persona en cuestión, a la que no tengo el gusto de conocer, como él tampoco tiene el recíproco, tenía buena intención. Pero es que a mí no me gusta la gente alegre.
La gente alegre, en general, sólo puede serlo por dos cosas: bien por ignorancia, en el sentido de tomar la vida de la forma más sencilla, sin ver más allá de sus narices, o bien por indiferencia, es decir, porque todo les resbala.

Conste que me gusta la gente divertida, que es capaz de ver la vida con optimismo, pero esa no es gente alegre, sino gente que sabe reír.
Yo, en definitiva, como bien saben los que me conocen, no soy una persona alegre.

martes, junio 28, 2016

Libros


Amo los libros. Me han acompañado desde niña, me han hecho viajar y pensar, descubrir y disfrutar. Me han enamorado, seducido, traicionado y abandonado de una u otra manera, (aún echo de menos el ejemplar de El Topo que se quedó en la habitación del hospital allá por el año 2000...). Me gusta su forma, su olor, tanto da nuevos como de segunda mano...
Tengo muchos libros. Los que no he heredado los he ido comprando o me los han regalado, aunque regalar un libro es tarea peligrosa, porque, en ocasiones, el donante hace uso de toda su buena fe y te pone en un brete al recibir el regalo, (como me ocurrió, hace muchos años, con un libro de Delibes, Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso, que me regaló un compañero de carrera por mi cumpleaños. Cosas así se reciben con una sonrisa mientras te sientes como si te hubiera dado un puñetazo el Potro de Vallecas en sus buenos tiempos. Sí, no me gusta Delibes. No, ni aunque sea de Valladolid). 
Desde hace dos años y debido a un, ejem, accidente, mis libros están, en su mayoría, en cajas en un garaje, embalados mas no olvidados. Y, en su sustitución, tengo un ebook. 
Un ebook no es lo mismo, pero... ocupa el mismo espacio que una agenda y tiene capacidad para mis cajas de libros multiplicadas muchas veces, y me cabe perfectamente en el bolso, cosa que no hace mi ejemplar de Robinson Crusoe, que era de mi padre y pesa sus buenos tres kilos.
No es lo mismo, no. Pero ahí está. 
 Ahora he perdido el hilo... Ah, todo esto venía a que, en ese microcosmos que es Facebook, es recurrente la comparación libro/ebook, y hoy mismo he visto algún meme al respecto, lo que me ha hecho lanzar una mirada de cariño a mi libro electrónico con el sentimiento de los que besan una foto del ser amado en su ausencia...