viernes, mayo 30, 2008

De traidores

Se han atrevido Gallardón y Rita Barberá a compararse nada más y nada menos que con Tomás Moro, mártir por la fe, al decir que solicitan el "amparo" del patrón de los políticos, aunque no quieren "acabar como él", condenados a muerte por el delito de alta traición.
En estos tiempos difíciles, en los que todo lo que nos rodea, y me refiero en particular a la clase política, es engañoso, y en los que cada día desaparece un espejismo en el que habíamos confiado para dejar paso a la cruda realidad, que no es otra que la traición contínua de los que deberían dar ejemplo y pensar en un bien superior, que son capaces de dejar de lado los principios, unos principios irrenunciables per se, por intereses espúreos que se justifican con un hipotético triunfo en las elecciones, en estos días amargos que vivimos los que no creemos en un Líder ni en un Partido, sino en una Nación, que dos politiquillos de poltrona vengan a compararse con Santo Tomás Moro, que perdió su vida pero no abandonó sus principios ni su dignidad, es patético.

Dicen que no quieren acabar como él, pero no creo que tengan que preocuparse por eso: antes de perder su status, abandonarán los valores y las ideas que parecían estar defendiendo cuando los votamos y abrazarán otras, y querrán que sigamos confiándoles nuestro voto, sin saber que hay cosas que ni siquiera nosotros, los que votamos en desesperanza, podemos admitir.


Tomas Moro dijo al subir al cadalso: "I die being the King's good servant, but God's first" (Muero siendo buen siervo del Rey, pero primero de Dios). Ese es el espíritu que deberían tener en cuanta nuestros políticos: primero son los ideales, (Dios, Patria, Verdad, Justicia...) y luego lo demás. Porque lo que está en juego no es ya la supervivencia de un partido, sino la destrucción de una nación.