martes, mayo 13, 2008

Disciplina de partido


Cuando en un Partido se alzan voces pidiendo que una mujer como María San Gil, que tiene ella sola más redaños que todos los barones (sí, con b de bóvido) de Génova, que lleva toda una vida amenazada por los terroristas, que ha visto morir asesinado a un compañero, en fin, que se pongan a exigir a una persona así eso que llaman "disciplina de partido", y que me trae inmediatamente a la memoria a Mao, Stalin, Tito o Castro, es que el Partido ha dejado de ser un instrumento, un medio para conseguir algo más alto, para convertirse propiamente en un fin. O sea, se ha pasado de luchar por España a luchar por un puesto en el Partido Popular.
Conste, me he leído la ponencia de la discordia con todo interés. Y me ha sorprendido encontrar que en ella no se habla de que en este complejo país, "te ves empujado a pactar, a hablar, y eso es saludable", incluso con los nacionalistas, sino más bien se habla de "permanente deslealtad al marco autonómico" de estos partiditos...
Así que, considerando que esta ponencia no es más que un borrador, y que los barones (otra vez con b) van por esos medios lanzando guiños a los nacionalistas, recordando los viejos buenos tiempos en los que el PP y CiU eran socios, y amigos, a pesar de que luego haya habido hasta un notario por medio para aclarar la relación, imagino que todo eso, esas 25 páginas que he repasado buscando donde se justifica la aplicación de facto de la EpC en las comunidades donde gobierna el Pepé, sin encontrar otra cosa que un punto 112 en el que se dice que la formación en valores no requiere de una asignatura específica, quedarán en papel mojado cuando se llegue al Congreso y se decidan los valores que se quieren mantener. Porque el PP, más que nunca, me recuerda a Groucho Marx y su "estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros".


Imagen: Pequeño Libro Rojo, de Shen Han Wu.