jueves, mayo 01, 2008

Humanidad

¿Y para esto me paso la vida trabajando?



No soy una persona a la que sorprenda la capacidad que tiene el ser humano para la crueldad, sobre todo con los de su misma especie, por lo que hace unos días dejé un comentario en el blog Shikihouse argumentando mi convicción de que lo ocurrido en Austria en el caso del pederasta, violador y torturador Herr Fritzl no era más que otro ejemplo de la humanidad de tal individuo. En el post de Shikilla se comparaba la bestialidad de este padre con el valor de un perro que fue apuñalado por el agresor de su dueña, permitiendo que ésta escapara gracias a su acción.

No, la capacidad para la maldad no me sorprende. Sí me ha dejado un poco descolocada la actitud que se ha tomado en el país de origen del "Monstruo de Amstetten", (que así le llaman los periodistas, siempre tan originales), respecto al tratamiento que se ha de dar a esta noticia. Por lo pronto, y en una especie de aquelarre victimista, el Canciller federal Alfred Gusenbauer nos sale con que "no va a permitir que todo el país, toda la población sea tomada como rehén por un criminal despiadado", debido a que suponen que la imagen de Austria se va a degradar por este caso.
Ni por un momento se me habría pasado por la cabeza incluir a todos los austríacos en el mismo saco que Herr Carcelero Fritzl, como tampoco pensé que la provincia de Huelva estaba llena de asesinos pederastas en el caso de la niña Mª Luz. Supongo que la mayoría de la gente es buena, vive su vida intentando no hacer daño a los demás y respeta a los niños y a los que no lo son. Faltaría más.


Pero que me estén intentando vender la moto con lo de Austria, me trae a la memoria el conocido aforismo "excusatio non petita, accusatio manifiesta", lo que viene a decir que si alguien se pica, es que el ajo forma parte de su dieta: se ha dado mucha importancia a dejar bien claro que nadie, pero nadie nadie, sabía de las actividades irregulares de este señor... No me puede creer que nadie se enterase de nada, cuando hasta se realizaron obras en el sótano maldito... ¿Cuando se hicieron? ¿No le extrañaron a los demás familiares estas reformas? Por muy manitas que fuera Herr Fritzl, y tuviera la capacidad de montar él solito una estantería de Ikea sin que le sobrara ninguna tuerca, algo tuvo que extrañar a su esposa e hijos de arriba que llevase al sótano los componentes de una casa: cocina, baño, camas... ¿O eso es algo común en Austria? Alguien está mintiendo.


También se ha mantenido lo más lejos posible de nuestro conocimiento que la Ley en aquel país permite que los antecedentes por delitos sexuales sean "borrados" al prescribir a los 10/15 años, con lo que todo el pasado de este individuo, del que se presume que sea culpable de otros delitos de este tipo ocurridos en los años 60, es como si no hubiera existido... Un sujeto cuyas vacaciones eran dedicadas al turismo sexual en Tailandia... (me pregunto quien se ocupaba entonces de los cautivos del sótano...)
Y por último, todavía hay algún medio de comunicación que habla de la "humanidad" de esta escoria, que había previsto que si algo le ocurría el mecanismo de la puerta se abriera para dejar salir a sus hijos... Que tieennnnooooo... Menos mal que no se le ocurrió que, ya que no podía seguir disfrutando de su "hobby", los habitantes del zulo fueran definitivamente eliminados...


Para qué seguir. En el análisis que Paco Pérez Abellán hace para COPE se llega a sugerir que el comportamiento de los vecinos de la familia Fritzl, que no se interesaron en las extrañas maniobras del patriarca se deben a la prevención que el pueblo austríaco siente hacia la delación, de tan mal recuerdo entre ellos por sus pasado nazi.... No sé qué decir, es posible que D. Francisco tenga razón, pero me dá que el motivo es menos melodramático: pura y simplemente, la inacción de las sociedades modernas, en las que se ha perdido el concepto de prójimo, aquel que llevaba a nuestras abuelas a preparar un caldo a la vecina que daba a luz, o a nuestros abuelos a enfrentar al violento que golpeaba a su mujer en la casa de al lado. Al menos, eso pasaba en mi familia, en mi calle y en mi pueblo...


En la foto: Rex, un policía diferente