lunes, junio 02, 2008

Conocer al enemigo...

Copio y enlazo esta entrada de Spanish Pundit, en la que Nora nos traduce un artículo sumamente interesante: Islam’s war doctrines ignored, publicado en Middle East Strategy at Harvard.


En una fecha tan reciente como 2006, el anterior oficial del Pentágono Willian Gawthrop lamentó que los colegas del Servicio Senior del Departamento de Defensa no hubieran incorporado en su currículum un estudio sistemático de Mahoma como un líder político o militar. Como consecuencia de ello, no entendemos profundamente la doctrina de lucha en la guerra de Mahoma, cómo sería aplicada hoy a un número creciente de grupos islámicos, o como pudiera ser contrarrestada.


Esto es muy irónico, cuando consideramos que, mientras las teorías militares clásicas (Clawsewitz, Sun Tzu, Machiavello, etc) todavía son estudiadas, puede considerarse el argumento de que hoy tienen un valor práctico muy limitado por lo que ha cambiado el actual panorama de guerra y diplomacia. Sea cuál sea la validez que tiene este argumento, no puede ser aplicado a las doctrinas de la guerra en el Islam; porque por tener una calidad "teológica", esto es, por estar envueltos en una "religión" cuyos preceptos trascienden el tiempo y el espacio y por tanto se cree que son inmutables, la doctrina de la guerra en el Islam deben considerarse tan aplicables hoy como ayer. Así que mientras algunos pueden argumentar que aprender cómo Alejandro maniobró con sus caballería en la Batalla de Guagamela en el año 331 aC es anacrónico y académico, esto no puede decirse del Islam, particularmente de las hazañas y estratagemas de su profeta Mahoma -su "Sunna de la guerra"- lo que sirve todavía a los jihadis modernos.

Por ejemplo, basándose en las palabras y los hechos de Mahoma, la mayoría de las escuelas de la jurisprudencia islámica aceptan como legítimo lo siguiente en la guerra contra el Infiel: el uso indiscriminado de armamento con misiles, incluso si hay mujeres y niños presentes (catapultas en el siglo 7º, aviones secuestrados o ADM por analogía hoy); la necesidad de siempre engañar al enemigo e incluso romper tratados formales siempre que sea posible (ver Shaih Muslim 15, 1057); y que la única función de un tratado de paz o hudna, es la de dar a los ejércitos islámicos el tiempo necesario para reagruparse para una ofensiva renovada y por tanto, no es necesario que duren más de 10 años.


La gran ironía -cuando uno habla sobre el Islam y Occidente, las ironías a menudo surgen por doquier- es que, en el mismo día de la conferencia ASMEA, que incluía un discurso por el estudioso islámico de primera Bernard Lewis ("Me parece una situación peligrosa aquella en la que discutir sobre el Islam, cualquiera que sea el tipo de discusión, sea, al menos peligroso"), el Departamente de Estado anunció que había adoptado recomendaciones de una memoria en la que se determinana que el Gobierno no debía llamar a los radicales del tipo Al-Qaeda, "jihadis", "mujaidines", o que no debía incorporar cualquier otra palabra árabe de connotación islámica ("califato", "Islamo-fascismo", "salafismo", "Wahabismo" y "Umma" también está fuera).

Hace unos días precisamente, Jihad Watch publicaba que EEUU había adoptado precisamente esa política porque consideraba que llamar "jihadistas" o "guerreros santos" a los terroristas era agrandarlos. Afirmaba asimismo que:
La terminología que usa el Gobierno debe anunciar la magnitud del problema al que nos enfrentamos, pero también debe evitar exagerar a las bases religiosas y la llamada glamurosa de la ideología extremista.
(...) Algunos argumentan que la "guerra" es demasiado grandiosa y que añade legitimación al otro lado, porque hay dos lados legítimos en las guerras.


Nora termina su traducción con el siguiente comentario, que comparto: "Interesante que desde el Departamento de Defensa se considere que su enemigo puede ser legítimo". Es increíble, en efecto, pero lo más penoso del caso es que tenemos en España un precedente, y es que se está dando carta de legitimidad a unos terroristas, los de ETA, simplemente por el vocabulario que se ha impuesto a la sociedad desde los medios de comunicación, ("rama político-militar", etc), unos medios de comunicación que tampoco tienen empacho en llamar "insurrectos" a los terroristas en Irak que asesinan con un coche-bomba a los ciudadanos irakies en un mercado...