martes, julio 08, 2008

El mal menor

No, no me he equivocado, hoy es martes, ya lo sé, (gracias, Fede, por preocuparte por mi ausencia), pero ayer seguía con la resaca, que, me temo, como sigan las cosas así, va a ser perpetua. No pasa un sólo día sin que aparezca más clara ante mí la situación en la que vivimos, y de la que algunos no quieren darse cuenta. La separación de poderes, aquello de que se había enterrado a Montesquieu, suena hoy a broma. Más que enterrarlo, lo que están haciendo día a día es profanar el cadáver de una pseudodemocracia en la que, mientras el pueblo soberano vive en la inopia, mirando hacia otro lado, entre el Gobierno y la (supuesta) oposición, ahora en luna de miel, nos están recortando las libertades que con tanto esfuerzo consiguieron para nosotros los que creían que por encima de los intereses personales o de partido están los generales y sobre todo, está España.
Si durante un tiempo caí en la tibieza de aconsejar que se tomase en cuenta la opción del mal menor, hoy no puedo seguir defendiendo esta idea. Ya está bien, hay que empezar a dejar atrás la idea de "si fuera..." para ser realistas, examinar lo que queremos y lo que se nos ofrece. Y entonces, decidir. Y si hay que dejar de votar, pues se deja. Es nuestra única arma: nuestro voto.


Dicen que Tales de Mileto contestó a la pregunta: "¿Que es lo más constante?", diciendo que era la ESPERANZA, porque permanece en el hombre incluso cuando lo ha perdido todo. Creo que tenía razón, pero ya sabéis que mi aforismo favorito es aquel ruso que dice: "Espero, pero no confío"