martes, abril 14, 2009

Tal vez soñar

¿Que soñarán los fetos en el vientre de sus madres? ¿Soñarán que la voz que oyen les acuna y les canta? ¿O tendrán pesadillas cuando oigan esa misma voz 'decidiendo' que nunca van a ver la luz del sol, no van a sentir la brisa del mar, ni a correr, ni a ser besados y abrazados, sino que su destino es ser descuartizados y arrojados a la basura?

Alguien, hace poco, en los comentarios de otro blog, (después del cansineo habitual sobre las violadas que quieren abortar, sin pensar que la inmensa mayoría de las mujeres que abortan lo hacen por intereses espurios), decía que ya está bien, que los provida (que es así como nos llaman a los que creemos que el aborto es un asesinato), deberíamos estarnos calladitos en un rincón, que si no estamos de acuerdo no tenemos derecho a imponernos a nadie. Claro, hay que respetar la libertad del otro. Y añadía que era algo regulado por las leyes, luego no había razón para protestar. Si así hubiera sido, la esclavitud seguiría siendo legal: era algo que la mayoría veía bien, que estaba perfectamente regulada... Y, sin embargo, a nadie se le ocurriría ahora decir que si alguien quiere tener un esclavo, adelante, que hay que respetar su criterio.

También he leído comentarios sobre los motivos que llevan a una mujer embarazada a deshacerse de su hijo, y lo que más me llama la atención es que ya se ha superado en muchos casos aquello de si es o no un ser humano. A la gente ya le da lo mismo, ahora lo importante es si es el momento para tenerlo o la responsabilidad que supone tener un hijo, y pienso que son excusas para eliminar ese obstáculo que supone 9 meses de gestación, con lo que engorda una, chica, y sin poder salir de copas, y tener que cambiar de vida... Supongo que les da lo mismo que esa criatura a la que van a matar sea única, que nunca se repetirá su esquema genético, que, si tenía que ser un compositor de talento o un artista del alambre, sus obras y sus logros se perderán con su muerte.

Vivimos en una sociedad hedonista, que gira la cara ante el dolor y la muerte, que son compañeros nuestros durante todos los días de nuestra vida, ya que nacer es empezar a morir, pero que a la vez es capaz de aceptar el aborto o la eutanasia como logros, cuando en realidad no hay nada más miserable que permitir que se destruyan el futuro y el pasado. Nuestros ancianos no son queridos, son arrinconados como trastos en residencias, donde se les 'aparca' hasta que la muerte se los lleva, bien en su momento o cuando se convierten en estorbos demasiado evidentes. ¿Que se puede esperar de una sociedad en la que se abandona a un padre en una gasolinera para marcharse de veraneo? Y lo peor es que, si el abandonado hubiera sido un perro, (y vaya por delante que, a mi juicio, el que abandona a un animal debería cumplir un severo castigo), ya habría una asociación protestando por 'los derechos de los animales' conculcados en el pobre cánido.