martes, agosto 25, 2009

Kultura


Viajar es uno de mis vicios, y me gustaría tener más oportunidades de hacerlo, porque creo firmemente que enriquece el espíritu y abre la mente. Y después de decir esta banal perogrullada, paso, como manda mi pesimismo, a hablar de los 'contra' de ponerse en viaje. Y conste que no voy a hablar de lo de dormir mal en una horrible cama de hotel, no. Ni de los viajes colectivos, esos 'circuitos' en los que no has elegido a tus acompañantes (gente, por otro lado, en su mayoría encantadora), y que son, en general, una delicia cuando piensas en ello tres o cuatro meses después, porque te llevan tan rápido que al cerebro no le da tiempo a asimilarlo todo hasta que estás en casa y puedes descansar. No. Todo eso merecería una entrada, pero hoy estoy particularmente cabreada con algo que me ha ocurrido y que me ha llevado a recordar a todos esos que se ponen en camino hacia destinos culturales sin tener ni pajolera idea de para qué van.
Vale. Ya sé que no soy políticamente correcta, pero es que no puedo quedarme impasible cuando oigo, en el asiento trasero al mío, que "ver el Miguel Ángel es importante, porque no es lo mismo ver la pintura que luego una foto" (refiriéndose al David, y oído por estas orejitas que se ha de comer la tierra, en un viaje a Florencia).
Y ésto apenas tiene importancia, porque las personas que conversaban tenían verdaderos deseos de aprender, y ese error sólo era una falta de conocimientos: seguramente vieron al Davide con otros ojos, y posiblemente ganaron más con la experiencia que yo, a la que arrastraron a la Academia sin ningunas ganas de volver.
Lo que me pasa es que yo soy muy tiquismiquis a la hora de emprender un viaje, y primero exploro un poco. Antes, cuando no tenía internet, buscaba una guía o un libro donde hacerme una idea de lo que iba a ver. Supongo que también gozo de una buena provisión de sentido común, y nunca se me ocurriría comparar las Termas de Caracalla con una escombrera. Claro que hay gente que viaja como si fuera una maleta, simplemente por el gusto de decir que han viajado. Pero luego te hablan de "el pueblo" del Vaticano, o comparan la Catedral de Toledo con la Ermita de la Virgen de su pueblo, que está mucho mejor enjalbegada, of course.
Y para terminar, y esperando no morderme las yemas de los dedos en unos días, por el riesgo de envenenamiento, más que nada, luego están los que no se pierden un evento cultural... si es gratis. Soy una enemiga acérrima de lo del 'gratis total' al que nos tienen acostumbrados nuestras autoridades, entre otras cosas, en materia de cultura. Sobre todo porque, en la mayoría de los casos, las plazas son limitadas, y se cubren por gente a la que, seguramente, si esa misma entrada costase un par de euros, no se la vería por allí. Así que muchas exposiciones, visitas guiadas, conciertos, son copadas por personas a las que no les interesa lo que se va a ver o a escuchar. Todavía recuerdo un concierto de Michael Nyman, lleno hasta la bandera, porque se iba a interpretar la banda sonora de 'El Piano', pero en el que quedamos sólo 25 ó 26 personas, ya que Nyman decidió tocar, en la primera parte, temas de otras de sus obras, como 'El contrato del dibujante' (mi favorita, dicho sea de paso)...
Os dejo un peazo de tema de 'El contrato del dibujante'. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.