viernes, febrero 19, 2010

Alegrías que se lleva una en tiempos de crisis



Me entero, a través de El Gran Teatro Político, que ya hay quien exige que se le retire el Premio Nobel a Al Gore y al IPCC, a través de una petición a la que os podéis adherir. Comenta el Espectador que, a pesar de la insistencia de algunos, como Gordon Brown, en no hacer caso a la realidad, lo que es cierto es que los datos que hicieron que se le concediera tal premio al Al-gorero mayor no son ciertos, como se ha sabido después, y que él lo sabía. Razones fundadas para que se le obligue a devolverlo, ya que parece ser que, a pesar del Climagate, no va a rectificar por voluntad propia...

Muy interesante es también el enlace con el que el Espectador nos da a conocer la situación de hambruna creciente en los países más pobres, gracias a la política, en mi opinión nefasta, de los llamados biocarburantes, que ha hecho que las parcelas en las que se cultivaban alimentos hayan disminuido en detrimento del girasol y otros productos no comestibles, (pero que se han estado subvencionando), destinados a producir combustibles supuestamente ecológicos.

Ya en el terreno personal, ayer me llevé una alegría (perversa, lo reconozco), cuando al llegar a cierta parte de la ciudad en la que vivo a la que hacía tiempo que no iba, me encontré con que la habían convertido en zona azul de aparcamiento. Fue hermoso ver tantos sitios libres para dejar el coche, por el precio de 1,50 €/dos horas, en unas calles en las que antes, para realizar cualquier gestión, no encontrabas ningún hueco, incluso había gente aparcada en doble y triple fila...
Si, ya sé que me diréis que lo de la zona azul (y el resto de colores) es un sacacuartos, pero tengo que reconocer que, en este caso, el Ayuntamiento ha obrado (con retraso, pero, en fin), bien, ya que en esas calles se concentran gran cantidad de bancos, oficinas, etc, lugares en los que no se producen aglomeraciones de público: la gente llega, hace su gestión y se va, por lo que era impensable que nunca hubiera donde dejar el coche, excepto si pensamos en aquellos que lo aparcaban allí y se iban a sus trabajos, (Toledo es tan pequeño que todo está cerca), en otras calles más o menos cercanas.
A mí no me queda más remedio que ir en mi propio vehículo, porque vivo fuera de la capital en un barrio muy mal comunicado, cuando voy a solucionar algún conflicto con mis cuentas o cosa similar. Por supuesto, si tuviera que ir todos los días a trabajar buscaría un medio alternativo, como el autobús que pasa cada hora o un coche compartido con mis vecinos. Que no está la cosa para tirar muchos cohetes...