lunes, junio 20, 2011

19J: Todo por el pueblo, pero sin el pueblo...





Una entradita de para comentar la victoriosa marcha de las columnas 'indignadas' sobre Madrid...

Los 37.742 (según el Lynce) indignaditos se han arrogado la representación de todos los demás españoles, (vamos, es como si cada vez que se llena la mitad del aforo del Santiago Bernabeu, se presumiera que todos los españoles somos del Real Madrid). En Twitter se podían leer cosas del tipo 'Ahora tendrán que hacer algo los políticos, porque el pueblo ha hablado', y algunos slóganes que, por manidos y carcas, no repetiré. Lo de siempre: unos cuantos deciden, sin consultar a nadie, lo que debe y no debe, lo que puede y no puede pensar o hacer el resto de la población. Porque ellos tienen razón, claro. O, mejor dicho, tienen LA razón.

Me ha contestado uno de estos indignados a un tuit en el que yo planteaba, generosa con las cifras, que 54 mil indignados no eran 'el pueblo' ni 'el país', que si el pueblo eran los que se habían quedado en casa haciendo la siesta. Le he contestado que por supuesto. Las matemáticas no mienten, aunque pudiera ser que esta criatura fuera una víctima de la Logse, y la realidad es que la inmensa mayoría de los españoles no está con los autoproclamados indignados. Otra cosa es que muchos estemos indignados desde hace años con los políticos y sus tejemanejes, con la falta de democracia real que estamos sufriendo, o con esa repugnante y promiscua relación que mantienen entre sí los tres poderes del Estado, juntos y revueltos por obra y gracia del socialismo felipista; o con la desmembración de España en reinos de taifas que mantienen ejércitos de funcionarios y se endeudan hasta la extenuación; o con la falta de valores en nuestra sociedad; con la desorientación de los jóvenes, a los que se trata como a niños o como a adultos según convenga, y que no tienen esperanza en el futuro; o con la falta de libertades, el acoso a determinados grupos, el intento de volver a unos españoles contra otros resucitando viejos y olvidados fantasmas para mantenerlos con la vista fija en otro lado en vez de en la corrupción; con la crisis tanto económica como moral... Y con muchas cosas más, que decían en un programa de mi infancia... Pero no hemos salido a okupar plazar públicas, porque seguramente el Ministerio del Amor y de la Verdad nos hubiera desalojado a la primera de cambio; ni hemos recorrido las calles de una ciudad haciendo política a la vez que decíamos repudiar la política, exigiendo derechos inexistentes, o que el ya enorme aparato del Estado sea todavía mayor y nos controle más de lo que ya nos controla. A nosotros también nos gusta aquello de 'Libertad e igualdad', pero no echamos al olvido la legalidad y la propiedad. Respetamos el derecho de los demás a pensar como quieran, pero también exigimos nuestro derecho a pensar lo que nos de la gana, a tener nuestras creencias sin que nos llamen fascistas.
Todo este movimiento de los indignados tiene un tufillo a totalitarismo, a secta, a avanzadilla de los que ponen cerco a los que no piensan como ellos, los que para conseguir sus objetivos comienzan una lucha de clases que termina cuando la única clase que queda es la suya...


Mañana, más.