miércoles, junio 15, 2011

Barbie, Ken, peluches y perroflautas...


La foto es del año pasado, o sea que esta vez han sido otra Barbie y otro Ken (mucho más mono, por cierto), los que han estado okupando los sofás y las camas, acompañados de una corte de peluches de varios colores y tamaños, que han desplazado al gato de su plácida existencia cotidiana a un rincón del jardín, asustado por esos pelajes arcoiris... Evidentemente, mi sobrina ha estado en casa...
Mientras, en el mundo exterior, se sigue hablando de los indignaditos, palabro que copio del blog de No a todo, a pesar de que han abandonado las barricadas, (me imagino que por las condiciones insalubres de las mismas), unos para dirigirse a nuevos pastos y nuevos objetivos, léanse los intentos de boicotear la constitución de algunos ayuntamientos democráticamente elegidos, (no los de Bildu, por cierto; es que estos dan más miedito, ¿verdad, perroflautillas?), las agresiones a políticos de todo género y color, la toma del Parlamento Catalán, e incluso el intento de secuestro, digo liberación, del perro-guía de un diputado ciego; otros aprovechan para montar su propia empresa, como ese ex-indignado con el millón largo que le ha tocado en la Primitiva...

A mí los indignados me dieron muy mala espina desde el primer momento. Hablo por mí, no por criticar a todos los que pensaron, al principio, que esto era un movimiento espontáneo (pero ¿queda algo que sea de verdad espontáneo existiendo las redes sociales?) con sanos principios, exigencias razonables y lemas comparables a los del verano del amollll allá por los 60 y a las letras de Los Beatles. A mi, que soy bastante catastrofista, me recordaban, pero mucho, mucho, a las turbas que lanzaban vivas a cada cabeza cortada por Madame Guillotin... Era, sobre todo, por aquello de las Asambleas populares en las que decían estar constituídos los perroflautas, digo indignados, que me hacía sentir un escalofrío acompañado de imágenes de tribunales del pueblo, juicios sin defensores y ejecuciones en la tapia del cementerio al amanecer...

Bueno, pues como en aquello de las 10 fases de la borrachera, hemos pasado de manifestar un nulo respeto por los principios democráticos, a un auténtico desprecio a la autoridad, (seamos serios, la autoridad tampoco ha hecho nada para que la respeten, au contraire, más bien creo que la autoridad se frota las manos de contento por su éxito de convocatoria), y ahora a la agresión verbal y física de todo aquel que no piensa como ellos. Los perroflautas, digo.

Ya dijo Pablo Iglesias que tanto la democracia como los resultados electorales serían respetados siempre y cuando favorecieran a los suyos. En otro caso, se sueltan los perros, unas veces la imagen de un dóberman como retrato del contrario, otra a los indignaditos chiripitifláuticos, con sus bonitos eslóganes y sus botas de media caña reforzadas en las punteras para reforzar el efecto...

Y Cayo Lara, en plan Jeannette...