jueves, septiembre 08, 2011

Incomunicada


Casi, casi, ha rayado en el secuestro... Yo me marché, hace siete días, léase el viernes pasado, en la creencia de que el lunes estaría en casa, como debe ser. Así que preparé un equipaje de fin de semana y me despedí de mi gato con un beso en la frente y de mi ordenador de sobremesa con otro en la pantalla. Pero he permanecido en casa de mi hermano, ahí mismo, en la Sierra, casi una semana sin conexión a Internet. Me imagino que los que deciden dejar de fumar sentirán lo mismo que yo he sufrido sin poder comunicarme con la blogosfera, con mi FB y con mi Twitter...  Y, lo que es peor, sin que nadie, excepto Bate, bendito sea, se haya preocupado por mi ausencia... 


Bien, pues añadir que, a pesar de las condiciones, lo he pasado muy requetebién. Me he relacionado con gente de verdad, o sea, en una terraza frente a una bebida no siempre espirituosa, he bailado en las verbenas, he ido a los toros, (eran novillos, y sin picadores, pero a mí me parecían muuuu grandes), he trasnochado y me he dado a los demonios las noches en las que he intentado descansar pero me han seguido bombardeando desde la terraza del bar de enfrente con el waka-waka o similar a todo lo que daban de sí los altavoces...


El regreso, con mi gato esperando en la puerta con cara de hambre, ha culminado con la ansiada conexión a Internet para dar noticia a mis fieles seguidores de mis andanzas. Y a los menos fieles, también...