martes, octubre 11, 2011

El Hombre de Palo


Toledo está llena de calles con nombres curiosos y sugerentes, que transportan la fantasía a tiempos olvidados. Es posible que, entre las que más llaman la atención al visitante, se encuentre la dedicada al Hombre de Palo, cuya curiosa historia, a caballo entre la realidad y la leyenda, os voy a relatar.
Uno de los más extraordinarios personajes que han vivido en Toledo es Juanelo Turriano, (nacido Giovanni Torriani, en Cremona, Italia, en 1501 ), inventor, ingeniero y relojero de Carlos I, (al que todo el mundo llama V), un genio que, entre otras cosas, logró llevar el agua del Tajo a lo más alto de la ciudad gracias al Artificio que lleva su nombre, y que consistía en un sistema de "norias" que elevaban el agua desde el río hasta el Alcázar. El éxito del invento trajo la fama para el ingenioso Juanelo, pero no así la fortuna. Bien al contrario, el ayuntamiento se negó a pagarle lo que le debía, ya que no recibía agua, (el Ejército se negó a distribuirla, al considerarla de su propiedad, por llegar hasta el Alcázar), con lo que Turriano tuvo que hacer un segundo artificio, que tampoco se le pagó.
Acosado por las deudas y sin tener ningún ingreso, el pobre Juanelo se vio obligado a vivir de la caridad. Y es en este momento cuando la realidad y la ficción se unen, por que se cuenta que, cansado de ir a pedir la "sopa boba" que se repartía en la Catedral a los menesterosos, Turriano construyó un muñeco antropomorfo, algo así como un robot de madera, que era capaz de ir él solito a buscar la comida para su inventor.
Existen testimonios de la época que insisten en que era capaz de caminar y moverse con soltura, pero no ha llegado ningún documento fidedigno por el que sepamos qué era lo que hacía exactamente el Hombre de Palo. Desafortunadamente, el invento fue quemado en vida del propio Turriano, seguramente al considerarlo las autoridades como "obra del demonio"... 
 Mi profesor de Historia, en el instituto, que era un investigador bastante fiable, aseguraba que era capaz de pedir limosna agitando una alcancía al paso de los transeúntes. La cercanía del antiguo Hospital del Nuncio, que ha dejado su nombre a la calle transversal a la de Hombre de Palo, es una posible explicación a la existencia de una "hucha" con forma más o menos antropomórfica en la que recoger las limosnas para mantener dicho hospital.


Otro día os contaré más curiosidades de mi ciudad.