sábado, noviembre 12, 2011

Trae crimen

Durante estos días he estado leyendo las dos primeras novelas de la serie del Inspector Pitt, de Anne Perry. El invierno pasado leí todas las del Inspector Monk, de esta misma autora, (e incluso alguna de las que ha escrito sobre la Guerra Mundial). Me han gustado, (aunque acabé un poco harta de las continuas menciones a la Guerra de Crimea ), pero no por los motivos que se pudieran esperar.
Desde mi punto de vista, a pesar de estar consideradas novelas de intriga o de misterio, estas cositas que escribe Anne Perry no son más que novelitas románticas que traen crimen, como decía aquel personaje de Jardiel Poncela. No me voy a quejar por ello. Bien al contrario: a pesar de que, mientras escribo estas línea, estoy oyendo She sells sanctuary, soy tan romántica como la que más, entiéndase lo de romántica no en el sentido que se le daba en el siglo XIX, que también, sino en el de soñadora y sentimental.
Así que he disfrutado cada uno de los párrafos de Anne Perry, que, a pesar de lo que digan las contraportadas sobre su maestría a la hora de narrar crímenes, no es tan buena en eso como en describir la sociedad victoriana y en crear interesantes personajes tanto femeninos como masculinos. Pero lo que de verdad, de verdad, me ha gustado ha sido su capacidad de dotar a sus héroes de cualidades que los hace muy atractivos a mis ojos: la calidez y la dulzura.
Reconozco, (menudo día llevo de confesar intimidades), citando a Brick Top, el odioso gánster de Snatch, que no necesito azúcar en el té, que ya soy bastante dulce. Con decir que, alguien que me conoce tan bien como mi propio hermano, considera que yo debería ser miembro de pleno derecho de la Orden del Cardo, os lo digo todo. Quizás en momentos de bajón soy capaz de demostrar cierta debilidad mental, pero el resto del tiempo puedo compararme tranquilamente con las heroínas de Anne Perry, que son bastante bordes...

En fin, que no sé a qué venía esta entrada. A lo mejor es que, con el otoño y con el tiempo tan fresquito que está sobreviniendo, echo de menos el calor de una relación que saque de mí mi mejor yo, que me abrace cuando tirite y que se ría de mi mal genio...