sábado, noviembre 19, 2011

Agua Feliz


No, no me refiero al vodka, sino a una de las fuentes monumentales de Roma. El nombre le viene por ser el final del acueducto que conduce el agua Feliz, (l'acqua Felice), llamada así por ser Felice el nombre de pila del Papa Sisto V Peretti, que la trajo hasta Roma tras restaurar el acueducto Alessandrino. Pero no quiero hablar de las aguas que derrama dicha fuente, sino del grupo escultórico que lo adorna, particularmente del Moisés del centro, por el que es también conocida como la Fontana del Mosè. Aquí una imagen que vale más que mil palabras.


No, a la foto no le pasa nada: es completamente fiel a la realidad. El pobre Moisés ha sido representado como un señor bajito con bastantes kilos de más. Más ancho que largo, dicho en castizo. El autor del horror fue Leonardo Sormani, y se inspiró en un diseño de Miguel Angel, (me imagino la reacción de éste cuando se inauguró la fuente). Se dice que Sormani trabajó con gran entusiasmo un enorme bloque de mármol, sin escuchar los consejos ni los juicios de sus amigos, y que, cuando por fin levantó los ojos para contemplar su obra maestra cayó fulminado al suelo, muerto. No sé si será verdad, lo cierto es que si no se murió del susto, debió abandonar la ciudad a toda prisa y desaparecer, porque de él nunca más se supo. Añadir que los romanos todavía no le han perdonado...

En Roma hay varios ejemplos de fuentes cuyas aguas están relacionadas con el nombre del pontífice bajo cuyos auspicios se hicieron traer. Uno de ellos es el Fontanone, nombre despectivo que emplean los romanos para referirse a una enorme fuente que mandó construir Paolo V Borghese, y cuya denominación de Acqua Paola tiene un doble sentido, porque se emplea también para referirse a las cosas insípidas. Tengo que escanear algunas fotos del Fontanone que hice una soleada tarde mientras subía al Gianicolo, y que no son capaces de mostrar en su totalidad la monumental fuente. Vamos, que no cabe en la foto. La subida desde el Trastévere es uno de los paseos más bonitos y más desconocidos de Roma, y se corona en la estatua de Garibaldi, famosa por estar mirando en sentido contrario al Vaticano.

Ya lo dijo el inmortal Shelley: "Bastan las fuentes para justificar un viaje Roma".