domingo, noviembre 13, 2011

Luz del mundo


Echo mucho de menos leer al queridísimo Bate cuando falta unos días, aunque algunas veces, (culpa mía, completamente), sólo paso por su blog de puntillas y ni siquiera le dejo una palabrita amable en los comentarios.
Creo que es uno de los más antiguos amigos que conservo en la blogocosa. Muchos de aquellos coleguillas han ido desapareciendo para siempre, (no, no voy a acordarme de Harto ni de El Cerrajero), mientras otros han colgado los trastos a ratos, y de vez en cuando dan señales de vida; incluso hay quien ha abandonado el blog para ser un tuitero de éxito moderado... En fin, que como decía Platón, todo fluye, y la internet no va a ser una excepción: unos van y otros vienen, y nuevos amiguetes arriman sus sillas a mi mesa, que las que dejaron vacías aquellos que se fueron no se van ocupando...
Bate ha estado fuera casi un mes, sin publicar nada en su Naufragio, y, aunque sabía que era por su trabajo, y me alegraba por ello, no me ha gustado nada estar sin noticias suyas. Hoy, de repente, regresa a su blog y escribe una entrada con el título La sal de la Tierra (de lectura imprescindible), en la que, en tres puntos, tres reflexiones que no tienen nada que ver entre sí excepto la experiencia vital del que las escribe, pone los puntos sobres las íes en un tema tan espinoso como la fé. Y todavía tiene tiempo para pasarse por esta humilde casa y comentar mi última entrada, (que yo sé que es de las que le gustan, mucha pericada y mucho sentimiento y eso).
Me gusta que haya etiquetado su entrada bajo el lema Eternidad. Creo sinceramente que hay gente que es sal de la Tierra y luz del Mundo, personas sin las cuales nuestra vida, MI vida, sería aburrida e insípida, y falta de perspectiva. Bate es una de ellas.