Lunes por la mañana. En el autobús, los cristales manchados por el vaho de los viajeros la hacen imaginar qué excelente caldo de cultivo para los virus será el aire que respira y se sube la bufanda hasta los ojos. Fuera, en el paisaje que es incapaz de descifrar a través de la ventana empañada, el viento frío, un viento del norte que trae pequeñas motas de nieve, barre la carretera y golpea los flancos del autobús, que se queja como una enorme bestia herida. Intenta concentrarse en la novela de Le Carré que está releyendo cuando el pasajero del asiento anterior al suyo levanta un poco la voz y capta su interés con la palabra "París". Casualmente, la noche anterior ella ha visto una película de Woody Allen, Midnight in Paris, que le ha gustado mucho, por lo que retira su atención de las andanzas de George Smiley para ponerla en el diálogo que llega a sus oídos. El hombre, un sesentón camino de los setenta, cuenta a su vecina de asiento que, desde que se prejubiló, ha viajado mucho, gracias, sobre todo, a pertenecer a una asociación que todo el mundo llama, familiarmente, Los Veteranos, pero que, en realidad, lleva el nombre de un hombrecito, (es esta la palabra que emplea, hombrecito, y ella se promete apuntarla en cuanto llegue a casa para usarla en su novela), un tal Julián Besteiro que, supone el viajero, debe ser el nombre del fundador de la asociación, aunque debe haber muerto hace mucho porque "el que la preside ahora es un chico bastante joven".
Durante unos segundos el rugido del autobús se eleva y ahoga todos los demás ruidos, por lo que, cuando se vuelve a oír la voz del hombre, ya ha empezado a contar el último viaje que realizó con la asociación, precisamente a París. El diálogo pasa a ser monólogo mientras él desgrana las maravillas que ha visto: la Torre Eiffel, los Campos Elíseos, el Louvre, (aunque la Mona Lisa no le pareció para tanto)... Por fin, su voz se eleva un poco más y se tiñe de emoción con el recuerdo.
- Pero lo que más me ha gustado han sido los almacenes esos tan famosos que hay, sí, mujer, los del tío que murió con Lady Dí... Las Galerías Al-Fayed...

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Besteiro..., probablemente el único socialista honrado.
Oye..., no utilices sólo eso del "hombrecito" para la novela. Aprovecha también este párrafo: si lo apañas a la trama, es buenísimo.
Conque "Galerías Al-Fayed", ¿eh?, Jajajajajajajajaja. Pues al paso que avanza Eurabia no sería raro.
Una cosa si que deberías aclararnos y es si ahora estás en París, lo que como viajas más que una maleta no sería extraño, aunque lo que no entiendo es que viajes con el INSERSO, a menos que vayas como guía.
En cualquier caso, pásalo bien y mantennos al corriente de tus correrías. Y cuida bien a los viejitos.
S.Cid, hay mucha leyenda sobre la honradez de los socialistas... je, je, je...
Me gusta que te guste el párrafo, ya llevaba un tiempo dándole vueltas a las Galerías...
Tann, conforme está la cosa con el tema Contador no estoy yo muy para viajes a Francia...
Abrazos a los dos
Visto el compañero de viaje, la novela tendría que ser La gente de Smiley, ¿no?
Y muy bueno el relato, en la línea de los inesperados de Roald Dahl.
Un saludo.
Querido Posodo, casi hubiera sido más propio Asesinato de calidad...
Otro abrazo para tí.
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