miércoles, mayo 23, 2012

Un resumen, algunas fotos

 Ya lo sé: el mapa es un asco. Y un asco doble, porque los colorines son absolutamente horrorosos, pero me sirve para mi propósito, que es explicaros, en pocas palabras, el recorrido por Tierra Santa que he tenido el privilegio de vivir en la semana del 24 de abril al 1 de mayo pasados, aunque sobran algunos sitios, porque no he tenido ni tiempo ni ganas de andar jugando con el Photoshop. Pero vamos por partes...
El día 24 de abril volé con la linea aérea israelí EL AL de Madrid a Tel Aviv, desde donde nos trasladaron en autobús al primer destino, Tiberíades, en la orilla del Mar de Galilea. Al día siguiente visitamos la Iglesia del Primado de San Pedro, o Mensa Christi (S. Juan, cap.21), Cafarnaum, (donde fué tomada la foto de más abajo, en la que Carmina y yo posamos en los restos de la Sinagoga), (yo soy la del gorro azul, por cierto), Tabga (el lugar de la multiplicación de los panes y los peces), y paseamos en barca por el lago antes de irnos a comer el plato típico, el pez de San Pedro. Por la tarde renovamos las promesas del bautismo en el Jordán, y visitamos el Monte de las Bienaventuranzas.

 Al día siguiente, y saliendo también de Tiberíades, fuimos hasta el Monte Tabor, el lugar de la Transfiguración del Señor; luego visitamos Caná de Galilea, donde pudimos ver una boda in situ, y los casados del grupo renovaron las promesas del matrimonio. El siguiente destino fue Nazaret, donde almorzamos, y después tuvimos la oportunidad de celebrar la Eucaristía en el lugar de la Anunciación. Muy interesantes restos arqueológicos, por cierto. Al volver a Tiberíades nos fuimos de parranda, porque en Israel estaban de fiesta, era el 64 aniversario de la creación de su Estado, y nos dimos una vuelta por el puerto, donde hubo un bonito espectáculo de luz y sonido sobre el agua del lago.
El día 27 abandonamos Tiberíades para dirigirnos a Jerusalén. Para ello seguimos la ruta del Jordán, que nos llevó hasta Jericó, a Qumrán, y de allí al Mar Muerto. Antes de que preguntéis, sí, me bañé, y es una sensación no sé si indescriptible, pero sí bastante rara, eso de flotar sin proponértelo... Después de sacarnos (casi) todo el barro, llegamos a Betania, a la casa de aquellos amigos de Jesús: Lázaro y sus hermanas Marta y María, donde el simpático camellero de la foto nos dejó inmortalizarle junto con el animalito...

 Una vez en Jerusalén, aprovechamos la primera noche para hacer turismo nocturno, y fue un acierto, porque no he visto un contraste mayor, cuando volvimos a visitarla de día. Pero eso ya lo contaré, Dios mediante, en próximas entregas. Por lo pronto, al día siguiente, 28 de abril, visitamos el Monte de los Olivos, empezando por la Iglesia del Padrenuestro y el santuario de Dominus Flevit, para pasar luego por Getsemaní, donde tuvimos nuestro primer encuentro con el Huerto de los Olivos, (la foto de más abajo es del que plantó Pablo VI hace un montón de años y es un arbolín de nada al lado de los otros...), pero sin entrar en la Iglesia de las Naciones, sino que nos acercamos a la Gruta del Prendimiento y al Sepulcro de la Virgen para terminar la visita en la capilla, ahora mezquita, de la Ascensión. Nos fuimos a comer al Convento Franciscano de Casa Nova, y después llegó el que, para mí, ha sido el momento más emocionante del viaje: el viacrucis por la Via Dolorosa, coronado con la visita al Santo Sepulcro...
El día 29 dedicamos la mañana a visitar Belén y el Campo de los pastores, y comimos en un sitio típico palestino, cosas muy sabrosas y picantes, y luego nos fuimos a Ain Karem, patria chica de San Juan Bautísta, donde visitamos los dos estupendos santuarios que allí se encuentran. Por la noche, ya en Jerusalén, tuvimos la inmensa suerte de poder celebrar una Hora Santa en el mismísimo Huerto de los Olivos, en la Iglesia de las Naciones, otro de los momentos más fuertes de la peregrinación. Aquí os dejo una foto mía, a punto de besar la Piedra de la Agonía...

El día 30 visitamos la Ciudad Vieja, el Cenáculo y San Pedro en Gallicanto, el lugar en el que el santo negó a Cristo por tres veces, y por la tarde nos dedicamos a las compras, ya que nos la dieron libre. Así que recorrimos otra vez la ciudad, buscando aquellos lugares que nos habían impresionado o que no habíamos visto todavía.
El día 1, antes de tomar el camino hacia Tel Aviv, nuestro guía nos guardaba una sorpresa, y era la visita a la Explanada de las Mezquitas. Por el camino hacia el aeropuerto pasamos por Emaús y luego tuvimos un encuentro de lo más raro... Elvis vive, creo... Pero ya os contaré más cosas, basta por hoy.