martes, julio 17, 2012

Antigua y señorial...



Amália, (Amália Rodrigues, quiero decir), le cantaba a Lisboa con la esa melancolía, esa lembrança, (palabra para la que no creo que tengamos una equivalencia en español), que sienten todos los portugueses, sobre todo los lisboetas, que miran más al pasado de glorias que al futuro de crisis y desesperación...
Siempre me sorprende, y no debería, ya que llevo casi 7 años visitando esas tierras lusas, la capacidad de evadirse de la realidad de los portugueses mediante la exaltación de las cosas de su nación. Y cuando digo "cosas" no es que no haya encontrado la palabra exacta y haya recurrido a ésta, cajón de sastre al fin y al cabo, sino que me refiero a todo, a cualquier cosa, desde Cristiano Ronaldo a la conquista del Brasil, pasando por el vino o la gesta de Magallanes, (si, también se la apropian, olvidando que el mundo fue circunvalado por Elcano en una expedición española)...
Los lisboetas miran al resto del mundo, al resto de Portugal, sobre todo, por encima del hombro, con olímpico desprecio, como si fueran mejores o más listos por haber nacido en Lisboa. Mientras, los hermosos azulejos que adornaron las fachadas de su antes bella y señorial ciudad se van cayendo uno a uno, y nadie se preocupa de reponerlos. Dejadlos en el suelo, - parecen decir los vecinos, lo mismo los de la Baixa que los del Bairro Alto, -  ya vendrá el Infante Don Enrique a cubrir las paredes de oro y de plata...
Yo he visto, este último fin de semana, cómo se cerraba un kiosco de helados justo cuando la fila de coches para subir al ferry se detenía, (32º a la sombra), durante quince minutos, delante de él. Esa es la actitud que ha tomado Portugal ante la intervención europea en sus finanzas. Luego, cuando se ha tomado un par de copas, el lisboeta olvida por un momento que lo suyo es lo mejor del mundo y se pregunta por qué tuvo que trazarse esa raya, sin la cual todos seríamos españoles...