martes, julio 10, 2012

A propósito de la anterior...




El origen etimológico de la palabra monacato se encuentra en monachos, palabro griego que significa "persona solitaria". Y es que, antes de que San Benito (y su hermana Santa Escolástica con él)  redactara su Regla, la vida monástica estaba conformada por eremitas, mujeres y hombres, como el famoso San Antonio Abad, que vivían solitos (que diría mi sobrina) en lugares despoblados. De ellos se derivaron los cenobitas, que son esos monjes que viven juntos en un monasterio, pero que pasan casi todo el tiempo solos, bien trabajando, bien orando, y sólo se reúnen en determinados momentos del día, para rezar juntos o comer en el refectorio, como los cartujos o los camaldulenses...

Durante mi viaje a Tierra Santa tuve ocasión de oír hablar una y otra vez de los eremitas: San Onofre, por ejemplo,o San Sabas, ya que el desierto de Judea fue, con los de Egipto y Siria, uno de los grandes centros de la vida eremítica y cenobítica. De San Onofre había una estupenda talla en la exposición Monacatus, que alguien en el grupo, creo que fue una de las dos niñas que venían, confundió con Sansón al ver su espectacular melena...
En las imágenes, el Monasterio ortodoxo de las Tentaciones, (o "Karantal"), en el Monte Quarantania (de la Cuarentena), a unos kilómetros de Jericó, nos recuerda la estancia de Jesús en el desierto, cuarenta días con sus noches, durante los cuales fue tentado por Satanás. Incluso se enseña el montoncito de cantos que el diablo le señaló en la primera tentación: Di que estas piedras se conviertan en pan...



Este lugar no comenzó como tal monasterio, sino como hileras de nichos o cuevas en los que se refugiaban los ermitaños. Habilitaron un complicado sistema de cisternas para abastecerse de agua, y no fue hasta finales del siglo XIX cuando, con la ayuda del Patriarcado de Moscú, se levantó el monasterio actual.