martes, noviembre 20, 2012

Estrategia comercial

Copio y pego, íntegramente, el post de Claudedeu "Cuidado con Signo Editores", esperando que ninguno de vosotros se vea en este trance. Como he comentado en su blog, cada día hay más empresas de éstas, con esas "ofertas" tan sospechosas y, como consumidores, tenemos que saber defendernos cuando caemos en ellas.

"¿Creéis de verdad que estáis a salvo de estafas y timos? Mucha gente aún obra de buena fe frente a muchos de esos comerciales que abordan a la gente a la puerta de su casa. Algunos trabajan de forma honrada, no digo que no, intentando vender algún producto para sobrellevar su vida, pero como en muchas otras situaciones, acaban pagando justos por pecadores. En el caso de Signo Editores, el pecado es bien conocido: comienzan con una encuesta telefónica preguntando por tus intereses, y su buena estrategia comercial hace que al poco tiempo, un ingenuo caiga en el anzuelo. Como mi padre. A las pocas horas de llamar, se presentó una chica en el domicilio ofertando la marimorena. Con mi padre solo en casa y yo en el trabajo, entró en casa y entre habladurías y pijadas, bravó: "¡Premio! Le ha tocado un televisor". El modus operandi es conocido, pero la psicología de una persona de 66 años quizás no sea tan lúcida como la de un adulto, y en tales momentos uno no es consciente de lo que firma, quizás deseando únicamente que se vaya de casa y nos deje en paz. Cuando volvi a casa, vi un contrato -según ellos albarán- por el cual mi padre tenía que abonar 33,2 euros durante la friolera de 35 meses, en base a una colección de libros del Reino Animal, una vaporetta y una televisión Samsung de 22 pulgadas que la comercial ofertó como "premios" por su anterior vínculo al Círculo de Lectores, lo cual de antemano ya resulta sospechoso. Pues bien, como quien hace un pacto con el demonio, es necesario leer bien la letra pequeña. Comunicarse con ellos no es posiblemente la mejor opción, aunque no está del todo mal hacerles saber que quieres revocar el contrato. Eso sí, disponte a ser tratado a voces y con mal genio, porque la telefonista intenta seguir vendiendo la moto de la buena oferta. La cuestión final está en mandar una copia del contrato-albarán, con la cláusula de revocación documentada y firmada, mediante Burofax en los siete días legales posteriores a la firma del contrato. Por mucho que la operadora te diga que no es necesario, hazlo. Es el único modo de frenar por un documento vía legal a semejante carroña que se ceba con personas mayores. Y en segundo punto, no dejar bajo ningún concepto que te lleguen los productos a tu domicilio. Para ello utiliza cualquier estrategia: haz que no estás en casa o habla con ellos, pero no les entregues ninguna documentación de modo que tú te quedes sin el original del contrato -albarán según Signo Editores-. Una vez en tu domicilio, las vueltas que tendrás que dar para que te lo recojan son demasiadas y un amplio porcentaje de gente acaba por desistir. En caso de que hayan pasado los siete días hábiles desde la firma del contrato, contacta con un abogado para que te asesore de la mejor manera para emprender una demanda judicial. Incluso ponte en contacto con algún colectivo damnificado por la empresa, que podrás encontrar buscando por la red. No es la primera ni la última vez que habrá un damnificado por semejante carroña de la puerta fría, pero asegúrate de hacer prevalecer tus derechos como consumidor y que, bajo ningún concepto, te engañen. Ellos asegurarán que no engañan a nadie y que quien firma un contrato lo hace de buena gana, buscando unas ofertas excepcionales que no hay en el mercado. Mentira. Multiplica los meses por el importe a pagar de forma mensual y verás cuánto dinero acaba costándote un televisor y una vaporetta que no tenías pensado comprar nunca, y que solo compras por deshacerte de un comercial agresivo y charlatán. Haga prevalecer sus derechos sobre la calaña que se los pisotea y denuncie en el menor espacio de tiempo posible en Inspección de Consumo o a la OCU. Y así hasta que la empresa se hunda por su propio peso y las ratas salgan huyendo a otro barco, intentando salvar los muebles pagados con el dinero que les sisaron a otros."