domingo, abril 28, 2013

Un año ya



Hace un año estaba en Israel, realizando eso que los folletos turísticos llaman "El viaje de tu vida", es decir, la peregrinación a los Santos Lugares. Tal día como hoy tuve la experiencia más enriquecedora, a nivel personal, de todo el viaje: el Viacrucis en la Via Dolorosa de Jerusalén.

No os aburriré con detalles personales, que quedan entre el Señor y yo, lo que sí os intentaré describir es el ambiente absolutamente surrealista en el que se suceden las Estaciones, porque la Via Dolorosa cruza por buena parte del Bazar, y mientras los peregrinos van rezando, (y os aseguro que hay tal ambiente de recogimiento en el grupo que se consigue rezar), a su alrededor se eleva la algarabía de los vendedores. Y la pobre cruz de madera que van portando por turnos, y que hay que elevar algunas veces para no tropezar con los puestos de fruta, narguiles, ropas de colores chillones y baratijas, se recorta sobre ese caleidoscopio en su sencillez. El aire está cargado con el aroma de las especias, y de ese café con cardamomo que los vendedores beben continuamente...

Al final, llegar a la Iglesia del Santo Sepulcro es como arribar a una playa desierta después de atravesar un mar de ruidos, colores y olores... La sobriedad de los Cruzados eleva la piedra, fría y silenciosa, como si todavía estuviera velando el cadáver de Jesús. Pero Él ya no está allí: ha resucitado, y el regreso al hotel se realiza entre risas.

Bueno, para qué mentir: entre risas y compras...