domingo, octubre 20, 2013

Crisis de madurez



Yo no entiendo mucho de estas cosas. No sé si es crisis de madurez, porque, francamente, dudo que yo haya llegado a madurar en ningún momento. Me moriré un día con mi complejo de Peter Pan flamante y como recién estrenado. No sé si es el Otoño. Pobre Otoño, siempre te echo la culpa de mi melancolía, de mis pocas ganas, y, cuando no es a ti, a tu hermana Primavera... Parece ser que estoy destinada, como el caminante en tierras baldías, a echarle la culpa de todo a lo que pasa o a lo que no pasa, buscando otros motivos que no sean los propios pies en movimiento. Echo a andar, ¿para que?
¿Que es lo que quiero? Ni siquiera yo misma, pasajera de tantos años, lo sé, así que, ¿a quien preguntar? Me siento en la estación a esperar, en esa espera infinita, para la única cosa que he desarrollado paciencia. 
Me siento frente a un café, solo, sola, y lo endulzo con dos cucharadas colmadas de azúcar, como si no hubiera un mañana. Livin' la vida loca.

Quiero. Espero.