martes, octubre 29, 2013

Veranillo



Los que somos frioleros nos pasamos el otoño esperando el veranillo. El de San Miguel, a principios de octubre, que nos ha cobijado bajo sus alas hasta ahora, cuando el viento ha cambiado y comienza a soplar del norte, y el aliento forma nubes por las mañanas, después de una noche de edredón. 
El veranillo de San Miguel, o del membrillo, cuando se pinta de dorado la fruta y las hojas de los árboles se tiñen de rubores. El momento de la chaqueta de entretiempo, de las medias gruesas bajo las minifaldas. Las primeras botas y las primeras bufandas. Tiempo de no sé que ponerme...
Luego, a principios de noviembre, habrá otro veranillo, el de San Martín. Como el santo francés arropó al mendigo con la mitad de su capa, así esos días nos cubrirán con cielos azules y sol engañoso, con brumas y nieblas en el paso del río, con abrigos, con castañas asadas que calientan las manos, y besos que calientan los labios y el corazón.