jueves, febrero 28, 2013

Creatividad

Haciendo click en la imagen, se hace más grande.

Lo he visto en Internet y he pensado en mis amigos escritores... 

domingo, febrero 24, 2013

Tabor

"Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar". (Lucas 9,28)



La montaña, dice la Tradición, es el Monte Tabor.




Al monte Tabor subimos en taxi. Sí, sé que suena raro, pero todo tiene su explicación. Los viajes concertados son así, te llevan como al ganado, a toda prisa, y menos mal que en éste tuvimos un guía excepcional, un cristiano palestino que no se limitaba a hablar de la fría piedra sino que también comentaba para el espíritu. En este caso, parece ser que lo "típico" es que te lleven en taxi a la cumbre, sobre todo si llevas los minutos contados, (se puede subir a pie, hay un camino zigzagueante que se tarda en recorrer cerca de una hora, sin prisas, nos dijeron). Los conductores de dichos vehículos proceden de una aldea que hay en la ladera del monte, y tienen en exclusiva el servicio. Es así porque las autoridades de Israel se lo han concedido, por los servicios que prestan en el Ejército, ya que son musulmanes que militan en las filas de los judíos. 


 Una vez arriba, el panorama es espectacular.

En el Santuario tuvimos una pequeña celebración en una de las capillas laterales, precisamente la dedicada a Elías, en la que está reflejado el pasaje del Antiguo Testamento (1 Reyes 19:16-46) en el que el profeta se enfrenta al rey Acab y a los sacerdotes de Baal.


Lo que más me ha gustado del viaje a Tierra Santa ha sido el "después". Ahora, cada vez que se lee el Evangelio o escucho un pasaje de la vida de Jesús, me sitúo, mentalmente, y recuerdo la impresión que tuve al estar allí, en el mismo, exacto lugar en el que ocurrió.

Os dejo otras imágenes, del precioso ábside decorado del Santuario y del exterior del mismo...




Ah, se me olvidaba: siempre hay tiempo para un café...





miércoles, febrero 20, 2013

Goyas


Lo peor de la "gala" de los Goya no ha sido la estulticia de Eva Hache, que tiene la gracia donde otros tienen la parte baja de la espalda, ni la hipocresía de la Verdú, ni la reivindicativa manifestación de amor filial de Candela Peña. No. Lo peor ha sido que semejante engendro lo hemos pagado entre todos, y que todos estos cantamañanas viven de nuestros impuestos, porque a nadie se le ha ocurrido todavía eliminar las subvenciones de las que se alimentan estos parásitos, a los que pagamos las películas dos veces, si es que tenemos ganas de perder un par de horas de nuestra vida entrando en un cine a ver uno de los muchos bodrios que les financiamos. Y, por cierto: ¿cuando vamos a ver en las calles manifestaciones para que se elimine el copago titiritero?

miércoles, febrero 13, 2013

Numismática



[...] Creo  que un hombre tan inteligente como usted puede averiguar el tipo de cosas que puede producir la monotonía en una joven indisciplinada de diecisiete años y en esa posición. Pero estoy tan desconcertada con otros asuntos horribles que apenas puedo leer mis propios sentimientos, y ni siquiera sé si desdeñarlos como un coqueteo o soportarlos con un corazón roto. Entonces vivíamos en una pequeña residencia costera en el sur de Gales y un capitán de la marina, que vivía cerca de nosotros, tenía un hijo cinco años mayor que yo y que había sido amigo de Giles antes de irse a las colonias. Su nombre no afecta al relato, pero le diré que se trataba de Philip Hawker, puesto que se  lo voy a decir todo. Solíamos ir juntos a pescar camarones y decíamos y pensábamos que estábamos enamorados; finalmente, él así lo afirmó y yo pensé que lo estaba. Si le digo que tenía el cabello rizado del color del bronce y un rostro parecido al de un halcón, bronceado por el mar, no es por usted, se lo aseguro, sino por la historia, ya que fue la causa de una curiosa
coincidencia. 
»Una tarde de verano, cuando le había prometido a Philip que iría a pescar camarones a la playa con él, estaba esperando algo impaciente en el recibidor de la casa, mirando cómo Arthur llevaba algunos paquetes de monedas que acababa de adquirir y los transportaba lentamente a su oscuro estudio y museo situado en la parte posterior de la casa. Finalmente oí cómo se cerraba la puerta detrás de él, asi que cogí mi red para pescar y estaba a punto de salir, cuando me di cuenta de que mi hermano se había dejado una moneda que brillaba sobre el banco cercano a la ventana. Era una moneda de bronce, y el color, combinado con la curvatura exacta de la nariz romana y con algo en el largo, delgado y fuerte cuello, hacía de la  cabeza de César un retrato casi preciso de Philip Hawker. Entonces recordé de repente que Giles le había contado algo a Philip de una moneda en la que aparecía un rostro igual al suyo y que Philip había mostrado el deseo de tenerla. [...]


»La naturaleza es más antigua que la colección Carstairs. Cuando bajaba corriendo hacia la playa, la moneda se agitaba en mi puño y sentía a todo el imperio romano sobre mis espaldas, así como el pedigrí de los Carstairs. No sólo rugía en mi oído el viejo león argénteo, sino que todas las águilas del César parecían volar y gritar en mi persecución. Pero mi corazón fue elevándose como la cometa de un niño hasta que llegué a las dunas húmedas de la playa, donde ya se encontraba Philip metido en el mar, con el agua brillante cubriéndole los tobillos.[...]

(Fragmento de "La cabeza del César", uno de los relatos del Padre Brown de G.K.Chesterton)



martes, febrero 12, 2013

Benedicto



Las opiniones son como los ombligos: todos tenemos una. Yo no voy a valorar la decisión de mi Papa, sólo le voy a pedir a Dios que ilumine a los que van a votar para que el hombre que ocupe la Cátedra vacante sea tan bueno como el que ayer (¿ayer? ¿sólo un día?) decidió que debía abandonarla.

Gracias, Santidad, por estos ocho años a nuestro servicio.


lunes, febrero 11, 2013

San Valentín



"– Si no es por esto, cuando hubiera querido recordar, ya hubiera sido tarde.
 El cuadro en que los ojos de Sam Weller se fijaron especialmente era una representación en colores vivos de un par de corazones humanos, traspasados por una flecha, cociéndose ante un animado fuego, en tanto que una pareja de caníbales, macho y hembra, en atavío moderno, vestido el caballero de casaca azul y pantalones blancos, y la dama con abrigo rojo y quitasol del mismo color, se aproximaban a la vianda con ojos hambrientos, subiendo una senda sinuosa que hasta ella conducía. Un desahogado joven, cuyo único indumento consistía en un par de alas, vigilaba el guiso; a lo lejos dibujábase el campanario de la iglesia de la plaza Langahn, y el conjunto formaba una valentina, de las cuales, según testificaba un rótulo que se veía en el escaparate, había dentro gran surtido, que el dueño de la tienda se complacía en ofrecer a sus conciudadanos al módico precio de dieciocho peniques cada una.
 – ¡Se me hubiera pasado; se me hubiera pasado, seguramente! –dijo Sammy.
 Y diciendo esto entró en la tienda y pidió un pliego del mejor papel de cartas, con filo dorado, y una pluma bien fina, que no pudiera hendirse sobre el papel. Servidos que fueron esos artículos, dirigióse ya a buen paso al mercado de Leadenhall. [...]
– «Por eso aprovecho la licencia del día, María querida, como dijo el caballero que estaba en la inopia al salir de un domingo, para decirle que la primera y única vez que la he visto, su imagen se grabó en mi corazón mucho más pronto y con más vivos colores que pudiera hacerlo jamás la máquina de sacar perfiles (de la que usted habrá oído hablar, querida María), que saca un retrato, pone el cristal y el marco, con una argolla en lo alto para colgarlo, en dos minutos y pico.»
–Temo que eso se meta en lo poético, Sammy – dijo Mr. Weller, con acento dubitativo."
(Fragmento del capítulo 33 de "Los papeles póstumos del Club Pickwick", de Charles Dickens)

(Está ahí, a la vuelta de la esquina. ¿Que estás esperando para mandar un valentín?)

viernes, febrero 08, 2013

De re coquinaria


Hace ya un tiempo que no hablo de cosas de comer ni subo una de mis recetillas, así que, aprovechando un rato libre, he pensado compartir con vosotros un descubrimiento que hice el otro día, sobre las hamburguesas. Resulta que, a pesar de su nombre, ni las inventaron los alemanes ni son naturales de Hamburgo, sino que ya nuestros bravos legionarios romanos las incluían en el menú de su rancho. O, al menos, eso asegura Marco Gavio Apicio en su obra: De Re Coquinaria, cuando da la siguiente receta: Isicia omentata: pulpam concisam teres cum medulla siliginei in vino infusi. piper, liquamen, si velis, et bacam myrtam extenteratam simul conteres. pusilla isicia formabis, intus nucleis et pipere positis. involuta omento subassabis cum caroeno. (Apic. 2, 1, 7). Hay quien se ha preocupado de replicar la receta para que podamos llevarla a nuestras mesas, y les ha quedado más o menos así: 

Isicia omentata
Ingredientes:
 ------------ 
500 g de carne picada 
1 pan francés, empapado en vino blanco 
1/2 cucharadita de pimienta recién molida 
50 ml de Liquamen (una salsa de pescado; se puede sustituir por 1/2 cucharadita de sal + un poco de vino blanco) 
Un puñado de piñones y algunos granos de pimienta verde
Un poco de Caroenum (arrope, mosto que se deja cocer hasta que se reduzca a la mitad)
Papel de aluminio para hornear 

Instrucciones:
 ------------- 
Mezclar la carne picada con el pan francés remojado y las especias molidas. Formar pequeñas hamburguesas y poner piñones y granos de pimienta en ellos. Póngalos en papel de hornear y ¡a la parrilla! 

Bon Dicendum!... digo ¡Buen provecho!

martes, febrero 05, 2013

Una interesante exposición




La exposición Durero grabador. Del Gótico al Renacimiento, que podrá contemplarse entre el 7 de febrero y el 5 de mayo en la sala Recoletos de la BNE, representa una muestra del genio creativo de uno de los grandes artistas de los siglos XV y XVI.
Consta de 116 estampas sueltas y seis libros, pertenecientes a la Biblioteca, y está dividida en cuatro secciones, en la primera de las cuales se muestra un panorama del grabado alemán de la época de Durero, con piezas de artistas de las escuelas de Nuremberg, Ausburgo, Basilea, Estrasburgo y Sajonia, entre otras, junto con las del grupo de los Pequeños Maestros.
Así pues, se cuelgan obras de Hans Golbein, Lucas Cranach, Hans Baldung Grien, Albretch Altdorfer, los hermanos Baham, Georg Pencz, Heinrich Aldegrever o Hans Burgkmair. En este apartado se puede percibir la calidad de los grabados de estos artistas, que contribuyeron con su obra a que esta época fuera considerada la edad de oro del grabado alemán.
El resto de secciones están dedicadas enteramente a los grabados de Alberto Durero, con un total de noventa y tres obras, que se muestran de forma cronológica.
¿Quien se anima? Además de interesante, es gratuita.
Horario
Martes a sábado de 10 a 21 h. 
Domingos y festivos de 10 a 14 horas.
Último pase 30 minutos antes del cierre