sábado, enero 04, 2014

Noche de Reyes



El año pasado tuve oportunidad de asistir a la Cabalgata de Reyes de Toledo con mi sobrina, por entonces de cinco años, que nunca había visto ninguna, al vivir en Portugal. Ella se había vestido de forma muy graciosa para la ocasión y llevaba una peluca de color rosa brillante que le habíamos comprado en la Plaza Mayor de Madrid el día anterior, cuando la llevamos a ver las luces y a comer churros. La tarde, (la Cabalgata comenzó a las cinco y media de la tarde, por mor del temprano anochecer invernal), estaba espléndida, incluso pude tomar unas fotos del río preciosas. No hacía nada de frío y se notaba en la cantidad de público asistente. 


Curiosamente, llegamos a tiempo, (con el mayor de mis hermanos ocurre que siempre llegamos tarde a todas partes, incluidos bodas y entierros), y conseguimos un lugar bastante bueno, justo en uno de los giros de la carrera, desde donde se veía venir desde lejos el Cortejo Real, que era largo y en el que venían, además de Sus Majestades, músicos, majorettes, coches cargados de niños disfrazados y hasta un pastor de ocas con sus ocas, y caballos con sus jinetes y elefantes... Y por fin, aparecieron las carrozas en las que venían los Reyes, y entonces me di cuenta de una triste verdad, al ver iluminarse la cara de mi sobrina al contemplar a aquellos hombres disfrazados con ropas de mal corte y muchos colorines: hay que dejar que la ilusión permanezca viva el mayor tiempo posible, porque cuando pierdes la inocencia, y dejas de ser niño, una parte, no sé si la más importante, del corazón se muere para siempre.

Este año no habrá Cabalgata para mí, pero intentaré mirar las cosas con ojos nuevos.