miércoles, enero 15, 2014

Regalo desde Oriente

Cuando lo trajo el cartero, pensé... Bueno, no sé lo que pensé. En mojitos o en Ribera del Turia (aunque ande desaparecido), o algo así. Porque el envoltorio era éste:

Y pone "Muy frágil"...
Hasta el momento, aparte de la mía, el paquete había logrado captar la atención de a) el cartero y b) mi gato, el especialista en cajas de cartón. Seguro que estaba haciendo cábalas sobre la capacidad y el volumen y si él cabría, apretándose un poco, porque, en Invierno, se aburre mucho. Y cuando se aburre, come. Es como Homer Simpson, sí. Así que está gordo, gordísimo... Pero me estoy yendo por las ramas...
Pues habida cuenta de que ponía "Muy frágil", lo llevé con cuidadito al salón, y lo abrí. Que ilu, no era una botella, era algo redondo envuelto en plástico de burbujas. Quizás sea una cantimplora, me dije, pero no. Al retirar el film alveolar, (palabro nuevo que habéis aprendido, de nada, yo tampoco lo sabía hasta hoy), debajo venía esto, que ya en sí mismo es una cucada, gato y lazo incluido...

El film alveolar también espantó al gato.
Sí, es una caja. Y dentro de la caja había... Bueno, lo mismo y algo más. Porque se trata de una fuente para servir tartas y su correspondiente pala. Con otro gatito. Como debe ser. Nunca hay suficientes gatos.

Digo que es fuente y no plato porque es enorme.
Bien, pues ya está contada la historia de este regalo tardío venido del Oriente... próximo. Lo siguiente es estrenarla, con un pastel dedicado al amigo que lo mandó, que entiende mucho de platos...