domingo, abril 06, 2014

Gusanos de seda

El ciclo vital del Bombyx mori 

Hace unos días, mi sobrina, siete años, consiguió en el colegio unos cuantos gusanos de seda. Yo había supuesto, erróneamente, que esta "tradición" era española, pero veo que me equivocaba. Supongo que, como aquello de plantar una judía (o garbanzo) entre algodones en un bote para ver como le salían raíces y brotes, (apestoso experimento, por cierto), tendrá que ver con el ciclo de la vida, etc, etc.

De mi propia experiencia recuerdo ir a despojar las moreras de sus hojas, (todas tenían las ramas más bajas completamente peladas, pero una era un chicazo y trepaba hasta coger las de más arriba), para dar de comer a aquellas criaturas insaciables, que vivieron en una caja de zapatos con la tapa agujereada durante toda su corta vida, y de las que sólo una logró hacer un capullo y convertirse en mariposa. Realmente, lo hice porque todo el mundo lo hacía, pero no me gustó la experiencia. 
Lo de los gusanos de seda tiene su parte poética. La leyenda dice que, en China,  el tejido de seda estaba reservado exclusivamente a la familia imperial y estaba rigurosamente prohibido vender los gusanos a otras naciones. Pero una princesa, al ser enviada para casarse con un príncipe de otro país, escondió algunos capullos en sus cabellos y así la sericicultura se extendió, primero por Asia y luego por el mundo entero. Era tanta su importancia comercial que al conjunto de las principales rutas comerciales entre Europa y Asia se le llegó a conocer como la Ruta de la Seda.

Ahora, la enana tiene gusanos de seda. Esta tarde, mi madre, por teléfono, le decía que los tenía que alimentar para que crecieran y que, cuando fueran grandes, hilarían un capullo y de allí saldría una mariposa.
- Vovó, - ha contestado la descarada,- ¿crees que he nacido ayer?

Siete años y ya lo sabe todo.