sábado, febrero 21, 2015

Flojera


No me gustan los sábados.
Bueno, no es que no me gusten, es que los sábados parecen tener la maldita capacidad de obligarme a hacer precisamente lo contrario de lo que quiero.
Y hoy sábado, un sábado en el que me he levantado porque no queda otro remedio, con ganas de cerrar las cortinas a ese sol engañoso que brilla, un sábado que debía haber sido laxo y perezoso, he tenido que ir, por imperativo, a la compra. Al Mercadona más cercano, por más señas.
Así que me he tenido que vestir de persona normal, sacar el coche y conducir hasta el pueblito de al lado donde está dicha superficie comercial. 
Y, una vez allí, como se me ha olvidado la lista de la compra, lo normal, porque yo tengo la cabeza que tengo, he tenido que recorrerme cada pasillo... Menos mal que lo he comprado todo a la primera.

No sé lo que va a pasar cuando el Año de la Cabra Loca siga su curso...
Y ya no tengo ganas de contar nada más...