domingo, febrero 14, 2016

Sin San Valentín


Por unas razones o por otras, nunca he celebrado San Valentín. 
Me refiero a eso que se supone que se hace en este día: recibir flores e ir a cenar a un sitio romántico con velas en el que te cobran el triple por no comer. Bueno, eso lo digo yo.
Recibir flores sí que he recibido. A veces, las mejores, en vez de flores he recibido cartas. Pero dedicar con mi pareja del momento una parte de nuestro tiempo a San Valentín, eso no.
Reconozco que, quizás, he tenido yo la culpa, porque soy una persona flexible, nunca se me ocurriría exigir nada, ni siquiera amor, pero desde mi primer novio, que no era una persona precisamente fiestera, (lo que, lógicamente, nos llevó a la ruptura, amistosa, eso sí), a mi última relación, ninguno ha tenido a bien hacer algo especial en esta fecha, y, quizás porque, en el fondo, yo no estaba demasiado convencida tampoco, lo dejamos pasar.
Pero, ay, amigos, esto se ha terminado. Me queda todavía la ilusión de encontrar el amor verdadero, o por lo menos, el amor último, patoalavida, o lo que resta de ella, y esta vez pienso exigir mis flores, mis bombones y mi cena a la luz de las velas. Faltaría más.
Avisados quedáis, navegantes.