miércoles, junio 29, 2016

Gente alegre


Hace un tiempo, por una entradilla en otro de mis blogs, alguien me comentó que había que rodearse de gente alegre.
Imagino que la persona en cuestión, a la que no tengo el gusto de conocer, como él tampoco tiene el recíproco, tenía buena intención. Pero es que a mí no me gusta la gente alegre.
La gente alegre, en general, sólo puede serlo por dos cosas: bien por ignorancia, en el sentido de tomar la vida de la forma más sencilla, sin ver más allá de sus narices, o bien por indiferencia, es decir, porque todo les resbala.

Conste que me gusta la gente divertida, que es capaz de ver la vida con optimismo, pero esa no es gente alegre, sino gente que sabe reír.
Yo, en definitiva, como bien saben los que me conocen, no soy una persona alegre.

martes, junio 28, 2016

Libros


Amo los libros. Me han acompañado desde niña, me han hecho viajar y pensar, descubrir y disfrutar. Me han enamorado, seducido, traicionado y abandonado de una u otra manera, (aún echo de menos el ejemplar de El Topo que se quedó en la habitación del hospital allá por el año 2000...). Me gusta su forma, su olor, tanto da nuevos como de segunda mano...
Tengo muchos libros. Los que no he heredado los he ido comprando o me los han regalado, aunque regalar un libro es tarea peligrosa, porque, en ocasiones, el donante hace uso de toda su buena fe y te pone en un brete al recibir el regalo, (como me ocurrió, hace muchos años, con un libro de Delibes, Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso, que me regaló un compañero de carrera por mi cumpleaños. Cosas así se reciben con una sonrisa mientras te sientes como si te hubiera dado un puñetazo el Potro de Vallecas en sus buenos tiempos. Sí, no me gusta Delibes. No, ni aunque sea de Valladolid). 
Desde hace dos años y debido a un, ejem, accidente, mis libros están, en su mayoría, en cajas en un garaje, embalados mas no olvidados. Y, en su sustitución, tengo un ebook. 
Un ebook no es lo mismo, pero... ocupa el mismo espacio que una agenda y tiene capacidad para mis cajas de libros multiplicadas muchas veces, y me cabe perfectamente en el bolso, cosa que no hace mi ejemplar de Robinson Crusoe, que era de mi padre y pesa sus buenos tres kilos.
No es lo mismo, no. Pero ahí está. 
 Ahora he perdido el hilo... Ah, todo esto venía a que, en ese microcosmos que es Facebook, es recurrente la comparación libro/ebook, y hoy mismo he visto algún meme al respecto, lo que me ha hecho lanzar una mirada de cariño a mi libro electrónico con el sentimiento de los que besan una foto del ser amado en su ausencia...