martes, abril 11, 2017

Tempus fugit



Con la edad, empiezas a posicionarte sobre cosas a las que antes dabas poca o ninguna importancia. Por poner un ejemplo propio, el uso (y el abuso) del tiempo se ha ido convirtiendo en una de las cualidades por las que decido si la amistad de alguien merece la pena o pasa directamente al cajón de los conocidos. 
Cuando alguien queda contigo en hacer algo, lo normal es que intente ser puntual. Lo normal es que tenga respeto por tu tiempo, ese que, seguramente con mucho gusto, le estás entregando para compartirlo. Y lo normal es, también, que habida cuenta de las nuevas tecnologías, si te vas a retrasar o te ha surgido otra cosa, envíes un simple mensaje de menos de dos líneas a la persona a la que rentaste el tiempo, porque quizás esa persona podría haber hecho otra cosa con esas horas que pensó en dedicarte.
Así que, cuando alguien decide que mi tiempo no es valioso, yo tampoco lo considero de gran valor.
Con la edad, el tiempo, como dijo Dalí, es una de las pocas cosas importantes que nos quedan.