martes, agosto 01, 2017

Cabañuelas



Si mi último post parecía premonitorio, éste que me ocupa un rato de la hora de la siesta trata sobre una cuestión recurrente, ya que todos los años, por estas fechas, vuelve el recuerdo de los veranos en el pueblo, y las historias que me contaban tanto los miembros de la familia como las personas que trabajaban en casa de mi abuelo y que eran, en el fondo, una extensión de la propia familia.
Entre todas aquellas personas había una, un señor llamado Eloy, que era el pastor del ganado ovino y caprino que había en la casa, y que era un narrador nato. En los últimos veranos de mi niñez, cuando ser pastor ya no era el mismo oficio que cuando él era joven, pasaba más tiempo en la casa y solía hablar de las cosas que ocurrían en el campo, de los animales que había visto en sus largas soledades y de los peligros que acarreaba no tomar en serio a la víbora o al alacrán. La primera vez que oí hablar de las cabañuelas fue a través de él. 

Las cabañuelas son un sistema de predicción del tiempo basado en la observación de la naturaleza, utilizado por los pastores que pasaban el verano en el campo con los rebaños. No sé si, etimológicamente, la palabreja se refiere a las "cabañas" en las que se refugiaban del clima o es por otra cosa. He investigado un poquito y he visto interpretaciones tan peregrinas como que se refiere a la fiesta judía de las Cabañas, o Sucot, pero considerando que se celebra en otoño, me parece que me quedo como estoy.

En fin, que si queremos utilizar este método para saber qué clima nos espera el año próximo, debemos considerar que el día 1 de agosto es "la llave del año". Esto quiere decir que los cambios climatológicos que se produzcan ese día serán los que se vayan sucediendo durante el año por venir. El resto de días, hasta el día 13 de agosto, se relacionan sucesivamente con los meses: enero, febrero, etc...

Aparte de la observación del cielo, también se tenían en cuenta otros fenómenos, como el rocío sobre la tierra, si los sarmientos cortados "lloraban", y la cantidad de humedad que presentaban ciertas piedras cuando se las daba la vuelta.

Todo esto no tiene mucho de científico, seguramente, pero nos mantuvo entretenidos cuando niños. (y no tan niños), y a mí, al menos, me hace pensar que Eloy era tan capaz de predecir el tiempo dándole la vuelta a un canto como los meteorólogos de la tele con sus satélites orbitales. O al revés.